jueves, 24 de enero de 2008

Mambo será pirata


Ayer Mambo y yo estuvimos mirando accesorios por internet, y descubrimos que en Estados Unidos hay muchísimos accesorios para los potato: de Rey, de Princesa, de Sirenita, de Bombero, de Payaso, de Glamurosa, de fiesta de cumpleaños, de Pirata... Y fue en éste, en el que Mambo se quedó observando y pareció perder la mirada en el infinito. Su cara parecía reflejar: ¿Podré yo llegar a ser un Pirata, algún día?
Claro que sí Mambo, no dudes ni un segundo, que mientras vivamos juntos, buscaré y buscaré hasta que encuentre tus accesorios de de Pirata, para que alcances aquello que sueñas. Pero debes saber, que no hace falta ningún accesorio, si tanto deseas serlo, el Pirata va siempre contigo, ¡¡tú ya eres todo un Pirata!!

P.D: Gracias a Marisol y a Sonia, MAESTRAS de la Escuela Infantil, El Tomillar. Gracias por devolverme la ilusión, por enseñarme más que muchos catedráticos en sus despachos, por dejarme preguntar y responder con una sonrisa, por ser una gran ayuda, una inspiración y todo un modelo. GRACIAS!!

domingo, 20 de enero de 2008

Aldebodal. 1ª Parte

Aldebodal es un pequeño planeta, llamado así por la creencia mayoritaria de los pueblos cogniscientes, que habitan dicho planeta, ya que todos ellos creen en una fuerza creadora, bondadosa, generosa y maternal, inicio de toda vida y consoladora de toda muerte, llamada así, Aldebodal.

Hay distintas versiones de la creación de Aldebodal por la Gran Madre, pero curiosamente, casi todas cuentan lo mismo, quizá dando mayor protagonismo cada pueblo a su linaje, pero todas iguales.
Dicen los ancianos, como a ellos les contaron los ancianos y a ellos los ancianos, que la misma Aldebodal depositó el relato en la mente de los primeros moradores del planeta, como un regalo sorpresa, como la inspiración de una obra de arte, como un don que es necesario compartir, y que fue a partir de ese regalo que nacieron los pueblos civilizados.

Sin embargo hoy no contaremos esa historia, pues lo que pretendo es describiros este hermoso astro.

Aldebodal gira entorno a una estrella, llamada Oxes, al mismo tiempo que rota sobre sí misma, y a la vez, alrededor de ella orbitan dos satélites, Obsel y Onokim. Estos tres astros son muy importantes en la vida de los moradores del planeta, ya que son quienes proporcionan luz y calor, tanto en el día como en la noche, a la vez que rigen los ciclos vitales de plantas, algunos seres vivos y las mareas de su Gran Mar, Ashif.
Debido a esto, hay dos formas de contar el tiempo en Aldebodal, según el sol, calendario Oxial, o según las lunas, calendario Obsial.

Aldebodal posee dos grandes masas de tierra, dos continentes, separados uno de otro por un océano, llamado Ashif. Sus aguas son cristalinas en las orillas y se van oscureciendo cuando te acercas al interior, a pesar de no ser muy profundo. En él habitan numerosas especies animales y vegetales, así como pueblos civilizados, organizados en pequeñas aldeas de cuevas bajo el agua.
El más pequeño de los dos continentes que separa Ashif es Aco, una masa de tierra árida y poco fértil, debido a un gigante volcán situado en el centro de Aco, y que incesantemente entra en erupción. Este volcán es conocido en Aldebodal como Izan.
Pocos son los seres capaces de soportar la condiciones que proporciona Izan al pequeño Aco, tan solo algunas aves, capaces de volar a los islotes cercanos durante las erupciones, y algunas plantas y animales de fuego. El resto de seres vivos residen en el Océano o en el otro continente, mucho mayor, llamado Shicrap.

martes, 8 de enero de 2008

Se llevan... Muy bien!

Hoy me he llevado el corte de mi vida. Me he sentido como los padres que en las películas pillan a sus hijos besándose en el salón, porque llegaban antes de tiempo, con sus respectivas parejas, o cuando pillaban a la niñera en la cama con su novio o novia porque en el intermedio de la ópera se acercaron a casa a ver que tal estaba el pequeño...

Tras dejar a Javi en su casa y volver a cenar a la mía, entro en mi cuarto a dejar mis cosas, sin encender la luz, y oigo un ruido extraño, como si alguna pequeña ficha se hubiese caído por detrás de la estantería. Pudiera ser, no le doy mayor importancia.

De nuevo ese ruido, justo antes de salir de la habitación. Alarmado por si hubiese algún ratoncillo o pajarillo en la estancia enciendo la luz y descubro a Mambo y Wasabi compartiendo las piezas. ¡Oh! Me preocupo por nada, así que apago y me voy al salón a cenar.

Mientras ceno, leo el Manual de Convivencia Humano/Potato que viene en toda caja/maletín de los potato. Y entre sonrojo y risa descubro que lo que presencié antes en la habitación es uno de los actos más íntimos que dos potatos pueden practicar entre sí. Pueden prestarse cosas, pero dejar que otro potato coja directamente las fichas de tu marsupio trasero, eso es verdadera privacidad.


Rápidamente, con una sonrisa en la boca y algo de pudor, voy a pedirles disculpas y me los encuentro, un poco destartalados, mirándome algo avergonzados, pero con cara pícara.
¡Ay, menos mal! Yo que pensé que quizá se llevarían mal y fíjate...

P.D: Por si acaso hay alguien que piensa que sí, en los maletines de los potato, no hay ningún Manual de Convivencia Humano/Potato. Yo lo digo por si acaso que no quiero decepciones.

lunes, 7 de enero de 2008

El Regalo de Aldebodal 2ª Parte

- ¿Cómo abuela? ¿Cómo consiguieron compartir su esencia divina con la joven Emperatriz?

La abuela sonrió a su nieto, le ahbía contado cientos de veces esta historia pero el seguía emocionándose y entusiasmándose como la primera vez. Le acarició la mejilla con un movimiento suave.

-Antes deberías saber, que la Emperatriz que lideraba a su familia se llamaba Artesa, y a pesar de que decían que gustaba de escaparse en sus momentos libres a beber en las posadas, participar en peleas y alternar con diversos y diversas botany, siempre fue una líder modelo, apoyo para los miembros de su familia, cumplidora de las normas establecidas por los botany y perfecta mediadora en los conflictos. Además, era una joven creativa, pizpireta y divertida, y todo aquel que la conoció dejó testimonio de lo agradable que era pasar tiempo con ella.

Así, estando los Seis Fabulosos entorno a Artesa, no sabían muy bien qué hacer ni cómo actuar. Sin embargo, cuenta la leyenda, que la Cabeza de la Familia de la Emperatriz, comenzó a recitar un conjuro, que salía directamente de su corazón, nunca nadie antes lo había escrito, nunca nadie antes lo había leído y, por supuesto, nunca nadie antes lo había oído. Era el conjuro más sincero de la historia de Aldebodal.
Tal fue la sinceridad de sus palabras que las rocas que formaban el suelo de la más alta torre de del Palacio Imperial del Monte Daymantos, cobraron vida, transformándose en conductoras de la energía de la Tierra, la energía original, la esencia de la Madre Aldebodal. De este modo, através de las rocas, la energía de los Seis Seres Fabulosos de Aldebodal fluyó hasta Artesa, convirtiendo así a la Familia de la Emperatriz, en Embajadora de Aldebodal, entre los botany, y los demás seres del planeta.
Los Seis Fabulosos, antes de marcharse hablaron con Artesa, quien ahora se sentía grande, entera, llena, capaz de todo.

- El poder, supone una gran responsabilidad - dijo la Niña Hechicera, Enarte, hablando en nombre de los Seis-. Esperamos, al igual que lo hace la Madre Hacedora, que sepas inculcar esta idea entre los miembros de tu familia, y sobre todo a tus sucesoras. De ahora en adelante, el don que se te ha dado, lo pasareis de Emperatriz en Empertriz, sin necesidad de nuestra presencia. Pero si esto algún día fallase, y el Don que se os da dado no pudiera ser transmitido, aquí tienes una forma de hacérnoslo saber.

Y dicho esto, cerró los ojos, elevó las manos y ante Artesa, incrustado en la parez, como si siempre hubiese estado allí, apareció un enorme cuerno dorado, cuya parte ancha se asomaba hacia el exterior, y la estrecha invitaba a hacerlo sonar, en el centro de la sala.

- No lo hagáis sonar si no es necesario, nosotros acudiremos sin falta a su llamada, y no nos gusta alejarnos de nuestras tareas -advirtió Enarte.

Desde entonces, nunca sonó el cuerno y la Esencia de Aldebodal se transfirió de Emperatriz a Emperatriz, hasta que los Sizan acabaron con esta Familia.

- Abuela... ¿Eras más feliz antes, verdad?

La anciana sonrió nostálgica.

- No te preocupes, yo se que la Emperatriz volverá.

- No digas esas cosas, y menos en voz alta. Los Sizan acabaron con todo el linaje de la Emperatriz, y prohibieron estudiar sus saberes, es casi imposible que vuelva la Soberana, querido Taion.

- Tu lo has dicho abuela, CASI.

Un nuevo amigo

Ayer vinieros los Reyes Magos y con ellos vino un nuevo amigo. Es de la estirpe de los Potato, unos extraños seres cambiantes que dan forma a su aspecto dependiendo del día y de su estado de ánimo, con fichas que guardan en un marsupio trasero que poseen .
Yo ya conocía a estos personajes, pues hace un par de navidades vino a vivir conmigo otro, al que hasta ahora solía llamar Vader (ya que iba vestido como Darth Vader). No solíamos tener mucha relación, él habitaba el salón, nos saludábamos de vez en cuando, sobre todo cuando limpiaba esta estancia de la casa, y poco más.
Pero cual fue mi sorpresa, cuando al llegar el nuevo inquilino, se quitó la máscara, bajó su espada laser, se colocó una nariz roja y se acercó dócilmente.
Nuestro nuevo amigo se llama Mambo, y ayer descubrí que Vader en realidad se llama Wasabi. Mambo le ha regalado a Wasabi una pequeña flor que llevaba en su marsupio trasero, entre todas las fichas que venían en su maletín potato de cuarenta piezas. Wasabi está encantado, ya que su nuevo amigo lo segundo que ha hecho ha sido repartir sus partes con él. Ahora no sólo podrá vestir de Darth Vader, sino que podrá sonreir como a él le gusta, poner ojos interesantes a la gente cuando pasa, o quitarse los zapatos e ir descalzo.

Ayer fue un gran día para Mambo, para Wasabi y para mí.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

El Regalo de Aldebodal 1ª Parte

(Prólogo de: Endora, el retorno de la Emperatriz)

-Abuela, cuéntame otra de esas historias sobre la Familia de la Emperatriz.

- Schh!! Calla, hijo - dijo la abuela de blancos cabellos susurrando - no está permitido hablar tan a la ligera de esas cosas. Los Masters Sizan no nos permiten recordar nada sobre la familia imperial. Si quieres hablar sobre ello, primero debes asegurarte de que nadie salvo personas de confianza están a tu alrededor.

-¡¡Pero si ahora estamos tu y yo solos!!

-Tienes razón, hijo. Pero me da tanto miedo que puedas hablar de estas cosas en otras situaciones y que nos puedan hacer daño... - dijo la anciana botany, con pena y dolor en la mirada.

-Entonces, ¿ me cuentas algo sobre la Familia?

La anciana sonrió con dulzura a la salud de la curiosidad de su nieto, se sentó junto a la pequeña cama de madera verde y acarició a su pequeño.

- ¿Qué historia quieres oír?

- ¡¡Cuéntame otra vez como la Madre Aldebodal le concedía a la Emperatriz su fuerza y poder!!

Respiró hondo, tragó saliba, se sentó junto a la cama de su nieto y con una amplia sonrisa comenzó a contar:

Como ya sabes, los botany nos organizamos por familias, pero no familias de sangre, sino familias de actividad. Yo, nacida en una pequeña aldea de Sedrev, elegí educarme en la Familia del Dolor, para comprender sus mecanismos, sus causas, su procedencia y así descubrir remedios, que hagan la vida de los botany más larga, agradable y tranquila. Había un linaje que se encargaba de organizar al resto de las Familias, para que entre todas hubiese equilibrio, y a la vez se se responsabilizaba de las relaciones de los botany con los demás seres de Aldebodal. Era una familia serena, justa, acogedora, preocupada por el bien común, sacrificada por nosotros y cercana. I
gualemente, los aspirantes a formar parte de esta Familia debían estudiar y entrenarse mucho para poder llegar a ser grandes dirigentes botany. Realizaban arduos trabajos físicos en beneficio de la comunidad, se enfrentaban a bestias despiadadas para defendernos y aprendían los secretos de la magia de nuestro planeta, así como se acercaban a las demás Familias e intentaban comprender y participar de sus intereses y necesidades.

La Madre Aldebodal, se sintió tan orgullosa de esta Familia y su labor, que decidió ayudarla concediéndola parte de su esencia. Como ya había concedido energía a los Seis Seres Fabulosos de Aldebodal, pensó que sería bonito y enriquecedor para todos, que los Seis compartiesen el regalo que la Madre les hizo en su día. Así se lo comunicó a los Seis y a la Familia de la Emperatriz. Y por primera y última vez, hasta la fecha, los Seis y la Emperatriz se reunieron en lo alto de la más alta torre del Palacio Imperial del Monte Daymantos, para compartir el poder, la esencia, la energía primera que originó y a la vez mantenía, y mantiene, la vida en Aldebodal.

Enarte, la Hechicera Infantil, conocedora de grandes secretos. El Eterno Ciego Enamorado, Dogei, sosteniendo a su amada, Ardif, encerrada en un cubo mágico para poder sobrevivir por toda la eternidad. La Bestia Despiadada de las Mortales Aguas del río Od-Ärom, Eóstemos. La Triste e Irresistible Figura que ronda sola los acantilados de Sojor, Ororo. El Hada Miedosa que se encerró a vivir en un profundo pozo, Atalea. Y el Eterno Espíritu de las Bestias de las selvas de Sajnaran, Kraem.

Los seis se reunieron allí, alrededor de la bondadosa representante de la Familia de la Emperatriz, mas encontraron un problema, que antes no se habían planteado. Aldebodal les concedió la esencia, pero nunca les indicó cómo compartirla, así que... ¿cómo se la podrán enviar a la joven soberana?...

miércoles, 5 de septiembre de 2007

3ª Emperatrices de Aldebodal: Emperatriz del Pueblo, Ertic

La pequeña Ertic nació en un lindo y pequeño pueblo de la reigión de Sajnaran. Sus padres eran dueños de una gran casa y de muchos de los terrenos de siembra de dicho lugar. Eran ricos de familia, ya que durante muchas generaciones las tierras fructíferas les habían mantenido en la alta sociedad del pequeño pueblo.
A pesar de vivir en esta región, la familia de
Ertic eran un clan simpatizante con los habitantes de las tierras oscuras y muertas de la región de Sod-Ärom, y tenían acuerdos mercantiles con muchas Familias importantes que, en un futuro, en la Gran Guerra, se harían llamar Sizan. Como bien es sabido en todo Aldebodal, estas familias no veían con muy buenos ojos el régimen político matriarcal de los botany, y se oponían al mandato de la Emperatriz, por lo que al descubrir que Ertic era válida para estudiar y crecer en dicha Familia, su clan lo recibió como una de las peores noticias.
Al margen de este hecho, que marcó su mala relación con sus padres y su tajante carácter para con los demás,
Ertic fue una de las más fructíferas emperatrices, ya que su mandato se desarrolló en total calma y paz. Mejoró las condiciones de vida de las Familias de base y de la sociedad botany; impulsó la creación y mejora de caminos y medios de comunicación entre las aldeas, pueblos, villas y grandes ciudades; entabló buenas relaciones con especies ajenas a los botany y mejoró las que ya existían; restauró parte de los jardines del Palacio del Monte Daymantos y los abrió a todo visitante que quisiese pasear por ellos; así como consolidó muchos de los beneficios y ventajas del puesto de Emperatriz, para asegurarse de que su futuras sucesoras se sentirían a gusto y seguras en su puesto de trabajo, y realizarían sus labores como soberanas, de manera correcta y recta.
Estas mejoras que repercutieron favorablemente en la vida de la mayor parte de los
botany, no fueron bien vistas por determinadas Familias (más tarde Sizan), ya que muchas de ellas basaban su economía y forma de vida en soluciones para esas pequeñas incomodidades del pueblo mayoritario de Aldebodal. Así, una mañana, como tantas otras, Ertic se vistió, tapó su cara con una de las máscaras imperiales que solía utilizar, y cuando se dirigía a una reunión con los consejeros de la Familia de la Tierra, uno de los soldados de su guardia la asesinó con su espada.
El joven guardia real, aún no realizaban este trabajo los
Vanteifiros, nunca se recuperó de tal traición, ya que a lo largo de toda su vida aseguraría que, durante el tiempo en que se cometió el magnicidio, no poseía recuerdo alguno, como si una nube se hubiese apoderado de ese momento de su vida, en su memoria. Muchos creyeron que se trató de un encantamiento de los contrarios a Ertic, pero este tipo de hechizos son muy difíciles de justificar.
Tuvo uno de los más bellos funerales, recorriendo toda la ciudad imperial del Monte
Daymantos. Se la enterró bajo una gran estatua que entre todos los botany construyeron para una de sus mejores Emperatrices.
Ertic siempre fue un símbolo, tanto para los botany ajenos a la Familia de la Emperatriz, como para las futuras sucesoras en el Puesto, ya que fue un ejemplo de cómo la Soberana trabaja, con, por y para su Pueblo. Cuando los Sizan tomaron el poder, una de las primeras cosas que hicieron fue derribar esta estatua, pues era un icono de la perfección y bondad del gobierno de la Emperatriz.

lunes, 27 de agosto de 2007

2ª Emperatrices de Aldebodal: La Niña Emperatriz, Gaëlenut


Gwen, originally uploaded by aldebodal.

Nacida en el seno de unos padres amorosos, en un poblado a la orilla del río Edrev, Gaëlenut fue una pequeña superdotada. Así lo auguró Enarte, cuando sus padres consiguieron acercarla hasta la Hechicera Infantil, quien predijo que sería una de las Emperatrices más recordadas, por su potencial innato y el uso que le iba a saber dar desde muy pequeña.
En las Escuelas Familiares destacó ascendiendo cursos en la Rama de la
Empertariz, mucho más rápido que el resto de sus coetáneos, de tal forma que con tan solo 14 años Oxiales ya había terminado sus estudios para candidata a Soberana de Aldebodal.

Por aquel entonces, los botany mantenían un conflicto bélico contra los Vanteifiros, otra de las especies inteligentes de Aldebodal, cuyo rasgo característico es que sus cabezas poseen la morfología de distintos animales aldeboditas.
Los
Vanteifiros creían que no era justo que los botany ocuparan tanto terreno en Aldebodal y mucho menos el Monte Daymantos, desde donde se cree que la Madre Aldebodal ascendió, tras crear el bello planeta y sus habitantes.
La pequeña
Gaëlenut, recién terminada su formación, fue enviada al campo de batalla junto a la Soberana del momento, la Emperatriz Tikmera, por petición expresa de la misma. Ambas luchaban unidas como si de una sola persona se tratase. Botanys que las vieron luchar cuentan que era como si un mismo cerebro las manejara. No obstante, cuenta la historia oculta, que no podían estar en la misma habitación juntas, ya que poseían gran temperamento y orgullo, y aunque luchaban por un bien común, se veían como rivales.
Un mal día, el enemigo consiguió herir de muerte a
Tikmera, y en su último suspiro ordenó que su sucesora fuera Gaëlenut, ya que su arrojo en la batalla había sido su prueba de acceso al Puesto Imperial.
El conflicto se alargó, y debido a esto, no se convocaron concursos públicos para la sucesión imperial, por lo que el mandato de
Gaëlenut, fue uno de los más largos de la historia de los botany.

Finalmente, tras seis años Obsiales de lucha, tras la muerte de Tikmera, los Vanteifiros se rindieron, y admirados por el tesón, la fiereza en el combate y la supremacía de la joven emperatriz, juraron lealtad eterna como pueblo a la Emperatriz de Aldebodal y su familia. A cambio, Gaëlenut cedió un ala del Palacio Imperial del Monte Daymantos a una comitiva de Vanteifiros, que vivirían allí como embajadores de su pueblo. Esta decisión satisfizo tanto a dicho pueblo que los embajadores que allí vivían ejercían de guardia personal de la Emperatriz.

A pesar de ser fiera en la lucha, el carácter de esta Soberana era divertido y desenfadado. Cubría su rostro para proteger su intimidad con grandes sombreros que poseían un pequeño velo distorsionaba su imagen a quien la veía, pero que la permitía observar lo que la rodeaba.
Mas esta recordada Emperatriz poseía un defecto, le faltaba uno de los dedos de la mano derecha, por lo que desde muy pequeña la cubría con guantes, a los que añadía relleno para que no se percibiera su minúsculo defecto.

viernes, 24 de agosto de 2007

1ª Emperatrices de Aldebodal: Emperatriz Yugova

Voy a comenzar a escribir una serie de entradas acerca de las distintas Emperatrices de Aldebodal. Algunas enigmáticas y trascendentes, otras divertidas o dictadoras, y otras que no dejaron un gran legado, sin embargo son parte de la historia de Aldebodal. Para empezar aquí tenéis a la primera, la Emperatriz Yugova.


Yogurinha Borova, originally uploaded by aldebodal.

Nacida en las celestes y cobálticas selvas de la Región de Sluça, Yugova fue la última Emperatriz, antes del Golpe Sizan y la posterior Reforma Endoriana.
Durante su formación como candidata a Excelencia de Aldebodal, cuentan sus docentes que siempre mostró gran admiración por el mundo de las plantas y los animales del planeta, llegando a comunicarse con ellos mentalmente.
Aprendió el arte de la metamorfosis, de forma rápida, y gracias a esta habilidad, ayudó a los botany, ya en su juventud, a resolver pequeños altercados entre ellos y las distintas razas de Aldebodal.
De carácter sereno y muy inteligente, no mostró gran sorpresa al ser nombrada Emperatriz. Su reinado no será recordado como uno de los más innovadores o creativos, pero sí uno de los más apacibles y tranquilos. Muchos creen que no se debe a su mandato, sino a que los sizan preparaban el Gran Golpe, y no querían levantar sospechas entorno a ellos. Sin embargo, Yagova fue una Soberana justa y acogedora que supo transmitir paz y sosiego a todos los botany y demás habitantes del planeta.
Fue inteligente en sus últimos momentos, traspasando sus conocimientos, y todos los de las anteriores Emperatrices, a la joven Endora, a pesar de no ser la elegida para sucederla, como la historia ya nos ha contado.
Murió en el Gran Golpe Sizan, tras la destrucción del Palacio Imperial, en el Monte Daymantos. Los sizan hicieron desaparecer sus restos como símbolo de la total aniquilación de sus Familia.
Al restaurar el Real Orden Matriarcal de las Emperatrices, Endora pidió al pueblo botany que la dejasen construir un monumento en honor a Yugova, por confiar en ella, a pesar de la adversidad. Dicho monumento se encuentra frente a la puerta principal del Gran Palacio.

Foto original: http://www.flickr.com/photos/yogurinhaborova/

martes, 24 de julio de 2007

Sólo podía ser así. 22ª Parte

...Trunck tomó a Suaga entre sus brazos y se lo llevó lejos de aquel palacio, que desde entonces sería recuerdo de pena y sufrimiento para él. El cuerpo del triga pendía entre los brazos del treico, como nunca antes lo había hecho. Aún podía recordar cómo Suaga le abrazaba, cómo le acariciaba con sus preciosas manos, ni muy grandes ni pequeñas, simplemente perfectas, cálidas, sabias, cariñosas...

Todo eran recuerdos, todo era Suaga. El aroma de una flor, le recordaba al día en que juntos hicieron un ramo gigantesco por el simple hecho de hacer algo juntos. El sabor de las frutas le traía a la memoria los primeros días en que Suaga jugó con él y le exigió distintos platos antes de dejarle poseerle. El vuelo de los pájaros le recordaba a Trunck que el animal preferido del triga era el zaipdos... Todo recuerdos...

Decidió no enterrar aún el cuerpo, y le pidió a Taicomos que le ayudase a confeccionar una urna en la que mantener a Suaga. Aún con la desaprobación del keslar, éste lanzó un hechizo sobre el cuerpo inerte, para que su descomposición fuese mucho más lenta de lo normal, algo que sólo sabría hacer un keslar o los conocedores de la magia más ancestral de Aldebodal. Entre los dos, crearon una urna cristalina, como una cama cubierta, tras varios días de trabajo. los bordes eran dorados, igual que las patas. Las sábanas eran suaves y frescas al tacto, blancas como el líquido que mana del Manantial Sirhi Okra. Trunck dejó desnudo al triga y le tapó con las sábanas, como si aún continuase durmiendo y de un momento a otro fuese a despertarse y darle un beso a traición, como tantos amaneceres hizo.

Casi ni comía, sólo permanecía junto a la cristalina cama, día y noche contemplando el cuerpo del ser que mejores momentos le había hecho pasar, del joven con el que había compartido los momentos más dulces que podía recordar, del triga que le había enseñado a reír sinceramente, dejando escapar, y compartiendo con él, su alma. Viendo cómo se consumía en la inactividad, y no pudiendo soportarlo más, Taicomos decidió tomar cartas en el asunto. De un manotazo en la nuca le despertó.

- ¿Crees que es esto lo que Suaga quería para tu vida? ¿De verdad piensas que esto es lo que deseaba para su muerte? - Trunck permaneció inmóvil y atónito ante la actitud de Taicomos -. Si esto es lo que piensas hacer el resto de tu existencia, sería mejor que hubieses permitido al resto de las criaturas que tomasen un pedazo de la felicidad que este triga les hubiese otorgado.

- ¿Y qué debo hacer según tú? ¿Incinerarle y sembrar con sus cenizas el césped del jardín? ¿Llevar su cuerpo al lugar al que nació y enterrarle allí? ¿Descuartizarle yo mismo y repartirlo en los bosques próximos, y así resarcirme de lo que hice? Yo sólo quiero que esté conmigo, que cada mañana le pueda ver, saber que puedo acariciar su mano...

- ¿Y de qué te sirve, si él ya no puede contestarte con otra caricia? -le dijo el keslar, mientras una lágrima le escurría por la mejilla -. De todas formas, es cuestión de tiempo que su cuerpo comience a corromperse. Mi hechizo lo retrasa y hace de ello un proceso mucho más lento, pero poco le faltará para que la putrefacción se haga visible - se secó las lágrimas -. Debes hacer algo, Trunck...

Sintiendo el mayor dolor que un ser vivo pudo alguna vez sentir en todo Aldebodal, llorando con la más profunda de las penas, temblándole el pulso, la voz y el ánimo, El treico enterró el cuerpo de su amado en el jardín de su palacio, para poder, de alguna forma, aún sentirle cerca.

Y así, con las lágrimas de sus ojos, regaba cada día el lugar en que descansaba su alegría...

Pocos días después del doloroso entierro, Trunck observó cómo la zona se llenaba de pequeños brotes, que en poco tiempo germinaron, cubriéndolo todo de un pequeño manto colorido. No cesaba de florecer, cuando una moría, otras dos nacían, haciendo brillar la tumba más y más cada día.
Una mañana, cuando Trunck se acercó a visitar el pequeño jardín, se dio cuenta de que un gran tallo había comenzado a brotar entre el resto. Era grueso, fuerte y se erguía buscando la luz del sol. Cada día que pasaba, se hacía más grande, por lo que el treico decidió regarlo y cuidarlo. Una mañana, la emoción de Trunck fue en aumento al descubrir que un pequeño capullo comenzaba a germinar de la gran planta. Esto animó al treico a seguir cuidando de la misma, que crecía y se hacía cada vez más y más grande. Nunca había visto una flor tan gigantesca. De hecho, aquel capullo era demasiado grande, una flor normal ya hubiese abierto sus pétalos y habría dejado al aire sus estambres y pistilos, mas esta, no lo hacía. A Trunck le rondaba una idea por la cabeza, pero no lo quería creer. Era un pensamiento que le perseguía desde hacía algunos días, pero no quería que se desarrollara, pero... y si esa flor...

Oxes acarició dulcemente la cara de Trunck, como una madre acaricia la mejilla de su hijo el día de su aniversario. Abrió un ojo, y se asustó al ver a Taicomos, llorando frente a su cama, con una sonrisa de oreja a oreja.

- Nunca nadie lo hizo antes, y tú lo has conseguido.

- ¿Qué dices Taicomos? Es muy pronto y me cuestan los acertijos.

- Tu amor, tus lágrimas, tu resistencia, tus ganas de que volviera, tu paciencia ante la lucha, pero sobre todo, por lo mucho que le quieres...

Una luz se encendió en la cabeza del treico, que dio un respingo en la cama y cogió al keslar de los hombros.

- ¿Qué dices? ¿Explícate?

- Sal al jardín, Trunck, y ríe, porque vais a ser todo lo felices que os merecéis.

Bajó corriendo las escaleras que llevaban de las habitaciones a la planta baja, desde donde se podía acceder al jardín, y según iba bajando, notaba cómo el cuerno que había heredado crecía y palpitaba, como si respondiese a una llamada. Por fin, desde el gran ventanal de acceso, todo quedó claro. Sus ojos se nublaron por las lágrimas, y la felicidad llenó su existencia. Una sonrisa brotó en sus labios y juró mentalmente que jamás ya se borraría. Lentamente se acercó a la gran planta. Ya de cerca lo pudo ver nítidamente. El capullo había comenzado a abrirse y algunos pétalos comenzaban a aflorar. Justo en el centro, la planta destelleaba, brillaba, como un faro en mitad de la noche. Un precioso cuerno blanco asomaba entre los pétalos naranja...