lunes, 27 de agosto de 2007

2ª Emperatrices de Aldebodal: La Niña Emperatriz, Gaëlenut


Gwen, originally uploaded by aldebodal.

Nacida en el seno de unos padres amorosos, en un poblado a la orilla del río Edrev, Gaëlenut fue una pequeña superdotada. Así lo auguró Enarte, cuando sus padres consiguieron acercarla hasta la Hechicera Infantil, quien predijo que sería una de las Emperatrices más recordadas, por su potencial innato y el uso que le iba a saber dar desde muy pequeña.
En las Escuelas Familiares destacó ascendiendo cursos en la Rama de la
Empertariz, mucho más rápido que el resto de sus coetáneos, de tal forma que con tan solo 14 años Oxiales ya había terminado sus estudios para candidata a Soberana de Aldebodal.

Por aquel entonces, los botany mantenían un conflicto bélico contra los Vanteifiros, otra de las especies inteligentes de Aldebodal, cuyo rasgo característico es que sus cabezas poseen la morfología de distintos animales aldeboditas.
Los
Vanteifiros creían que no era justo que los botany ocuparan tanto terreno en Aldebodal y mucho menos el Monte Daymantos, desde donde se cree que la Madre Aldebodal ascendió, tras crear el bello planeta y sus habitantes.
La pequeña
Gaëlenut, recién terminada su formación, fue enviada al campo de batalla junto a la Soberana del momento, la Emperatriz Tikmera, por petición expresa de la misma. Ambas luchaban unidas como si de una sola persona se tratase. Botanys que las vieron luchar cuentan que era como si un mismo cerebro las manejara. No obstante, cuenta la historia oculta, que no podían estar en la misma habitación juntas, ya que poseían gran temperamento y orgullo, y aunque luchaban por un bien común, se veían como rivales.
Un mal día, el enemigo consiguió herir de muerte a
Tikmera, y en su último suspiro ordenó que su sucesora fuera Gaëlenut, ya que su arrojo en la batalla había sido su prueba de acceso al Puesto Imperial.
El conflicto se alargó, y debido a esto, no se convocaron concursos públicos para la sucesión imperial, por lo que el mandato de
Gaëlenut, fue uno de los más largos de la historia de los botany.

Finalmente, tras seis años Obsiales de lucha, tras la muerte de Tikmera, los Vanteifiros se rindieron, y admirados por el tesón, la fiereza en el combate y la supremacía de la joven emperatriz, juraron lealtad eterna como pueblo a la Emperatriz de Aldebodal y su familia. A cambio, Gaëlenut cedió un ala del Palacio Imperial del Monte Daymantos a una comitiva de Vanteifiros, que vivirían allí como embajadores de su pueblo. Esta decisión satisfizo tanto a dicho pueblo que los embajadores que allí vivían ejercían de guardia personal de la Emperatriz.

A pesar de ser fiera en la lucha, el carácter de esta Soberana era divertido y desenfadado. Cubría su rostro para proteger su intimidad con grandes sombreros que poseían un pequeño velo distorsionaba su imagen a quien la veía, pero que la permitía observar lo que la rodeaba.
Mas esta recordada Emperatriz poseía un defecto, le faltaba uno de los dedos de la mano derecha, por lo que desde muy pequeña la cubría con guantes, a los que añadía relleno para que no se percibiera su minúsculo defecto.

viernes, 24 de agosto de 2007

1ª Emperatrices de Aldebodal: Emperatriz Yugova

Voy a comenzar a escribir una serie de entradas acerca de las distintas Emperatrices de Aldebodal. Algunas enigmáticas y trascendentes, otras divertidas o dictadoras, y otras que no dejaron un gran legado, sin embargo son parte de la historia de Aldebodal. Para empezar aquí tenéis a la primera, la Emperatriz Yugova.


Yogurinha Borova, originally uploaded by aldebodal.

Nacida en las celestes y cobálticas selvas de la Región de Sluça, Yugova fue la última Emperatriz, antes del Golpe Sizan y la posterior Reforma Endoriana.
Durante su formación como candidata a Excelencia de Aldebodal, cuentan sus docentes que siempre mostró gran admiración por el mundo de las plantas y los animales del planeta, llegando a comunicarse con ellos mentalmente.
Aprendió el arte de la metamorfosis, de forma rápida, y gracias a esta habilidad, ayudó a los botany, ya en su juventud, a resolver pequeños altercados entre ellos y las distintas razas de Aldebodal.
De carácter sereno y muy inteligente, no mostró gran sorpresa al ser nombrada Emperatriz. Su reinado no será recordado como uno de los más innovadores o creativos, pero sí uno de los más apacibles y tranquilos. Muchos creen que no se debe a su mandato, sino a que los sizan preparaban el Gran Golpe, y no querían levantar sospechas entorno a ellos. Sin embargo, Yagova fue una Soberana justa y acogedora que supo transmitir paz y sosiego a todos los botany y demás habitantes del planeta.
Fue inteligente en sus últimos momentos, traspasando sus conocimientos, y todos los de las anteriores Emperatrices, a la joven Endora, a pesar de no ser la elegida para sucederla, como la historia ya nos ha contado.
Murió en el Gran Golpe Sizan, tras la destrucción del Palacio Imperial, en el Monte Daymantos. Los sizan hicieron desaparecer sus restos como símbolo de la total aniquilación de sus Familia.
Al restaurar el Real Orden Matriarcal de las Emperatrices, Endora pidió al pueblo botany que la dejasen construir un monumento en honor a Yugova, por confiar en ella, a pesar de la adversidad. Dicho monumento se encuentra frente a la puerta principal del Gran Palacio.

Foto original: http://www.flickr.com/photos/yogurinhaborova/

martes, 24 de julio de 2007

Sólo podía ser así. 22ª Parte

...Trunck tomó a Suaga entre sus brazos y se lo llevó lejos de aquel palacio, que desde entonces sería recuerdo de pena y sufrimiento para él. El cuerpo del triga pendía entre los brazos del treico, como nunca antes lo había hecho. Aún podía recordar cómo Suaga le abrazaba, cómo le acariciaba con sus preciosas manos, ni muy grandes ni pequeñas, simplemente perfectas, cálidas, sabias, cariñosas...

Todo eran recuerdos, todo era Suaga. El aroma de una flor, le recordaba al día en que juntos hicieron un ramo gigantesco por el simple hecho de hacer algo juntos. El sabor de las frutas le traía a la memoria los primeros días en que Suaga jugó con él y le exigió distintos platos antes de dejarle poseerle. El vuelo de los pájaros le recordaba a Trunck que el animal preferido del triga era el zaipdos... Todo recuerdos...

Decidió no enterrar aún el cuerpo, y le pidió a Taicomos que le ayudase a confeccionar una urna en la que mantener a Suaga. Aún con la desaprobación del keslar, éste lanzó un hechizo sobre el cuerpo inerte, para que su descomposición fuese mucho más lenta de lo normal, algo que sólo sabría hacer un keslar o los conocedores de la magia más ancestral de Aldebodal. Entre los dos, crearon una urna cristalina, como una cama cubierta, tras varios días de trabajo. los bordes eran dorados, igual que las patas. Las sábanas eran suaves y frescas al tacto, blancas como el líquido que mana del Manantial Sirhi Okra. Trunck dejó desnudo al triga y le tapó con las sábanas, como si aún continuase durmiendo y de un momento a otro fuese a despertarse y darle un beso a traición, como tantos amaneceres hizo.

Casi ni comía, sólo permanecía junto a la cristalina cama, día y noche contemplando el cuerpo del ser que mejores momentos le había hecho pasar, del joven con el que había compartido los momentos más dulces que podía recordar, del triga que le había enseñado a reír sinceramente, dejando escapar, y compartiendo con él, su alma. Viendo cómo se consumía en la inactividad, y no pudiendo soportarlo más, Taicomos decidió tomar cartas en el asunto. De un manotazo en la nuca le despertó.

- ¿Crees que es esto lo que Suaga quería para tu vida? ¿De verdad piensas que esto es lo que deseaba para su muerte? - Trunck permaneció inmóvil y atónito ante la actitud de Taicomos -. Si esto es lo que piensas hacer el resto de tu existencia, sería mejor que hubieses permitido al resto de las criaturas que tomasen un pedazo de la felicidad que este triga les hubiese otorgado.

- ¿Y qué debo hacer según tú? ¿Incinerarle y sembrar con sus cenizas el césped del jardín? ¿Llevar su cuerpo al lugar al que nació y enterrarle allí? ¿Descuartizarle yo mismo y repartirlo en los bosques próximos, y así resarcirme de lo que hice? Yo sólo quiero que esté conmigo, que cada mañana le pueda ver, saber que puedo acariciar su mano...

- ¿Y de qué te sirve, si él ya no puede contestarte con otra caricia? -le dijo el keslar, mientras una lágrima le escurría por la mejilla -. De todas formas, es cuestión de tiempo que su cuerpo comience a corromperse. Mi hechizo lo retrasa y hace de ello un proceso mucho más lento, pero poco le faltará para que la putrefacción se haga visible - se secó las lágrimas -. Debes hacer algo, Trunck...

Sintiendo el mayor dolor que un ser vivo pudo alguna vez sentir en todo Aldebodal, llorando con la más profunda de las penas, temblándole el pulso, la voz y el ánimo, El treico enterró el cuerpo de su amado en el jardín de su palacio, para poder, de alguna forma, aún sentirle cerca.

Y así, con las lágrimas de sus ojos, regaba cada día el lugar en que descansaba su alegría...

Pocos días después del doloroso entierro, Trunck observó cómo la zona se llenaba de pequeños brotes, que en poco tiempo germinaron, cubriéndolo todo de un pequeño manto colorido. No cesaba de florecer, cuando una moría, otras dos nacían, haciendo brillar la tumba más y más cada día.
Una mañana, cuando Trunck se acercó a visitar el pequeño jardín, se dio cuenta de que un gran tallo había comenzado a brotar entre el resto. Era grueso, fuerte y se erguía buscando la luz del sol. Cada día que pasaba, se hacía más grande, por lo que el treico decidió regarlo y cuidarlo. Una mañana, la emoción de Trunck fue en aumento al descubrir que un pequeño capullo comenzaba a germinar de la gran planta. Esto animó al treico a seguir cuidando de la misma, que crecía y se hacía cada vez más y más grande. Nunca había visto una flor tan gigantesca. De hecho, aquel capullo era demasiado grande, una flor normal ya hubiese abierto sus pétalos y habría dejado al aire sus estambres y pistilos, mas esta, no lo hacía. A Trunck le rondaba una idea por la cabeza, pero no lo quería creer. Era un pensamiento que le perseguía desde hacía algunos días, pero no quería que se desarrollara, pero... y si esa flor...

Oxes acarició dulcemente la cara de Trunck, como una madre acaricia la mejilla de su hijo el día de su aniversario. Abrió un ojo, y se asustó al ver a Taicomos, llorando frente a su cama, con una sonrisa de oreja a oreja.

- Nunca nadie lo hizo antes, y tú lo has conseguido.

- ¿Qué dices Taicomos? Es muy pronto y me cuestan los acertijos.

- Tu amor, tus lágrimas, tu resistencia, tus ganas de que volviera, tu paciencia ante la lucha, pero sobre todo, por lo mucho que le quieres...

Una luz se encendió en la cabeza del treico, que dio un respingo en la cama y cogió al keslar de los hombros.

- ¿Qué dices? ¿Explícate?

- Sal al jardín, Trunck, y ríe, porque vais a ser todo lo felices que os merecéis.

Bajó corriendo las escaleras que llevaban de las habitaciones a la planta baja, desde donde se podía acceder al jardín, y según iba bajando, notaba cómo el cuerno que había heredado crecía y palpitaba, como si respondiese a una llamada. Por fin, desde el gran ventanal de acceso, todo quedó claro. Sus ojos se nublaron por las lágrimas, y la felicidad llenó su existencia. Una sonrisa brotó en sus labios y juró mentalmente que jamás ya se borraría. Lentamente se acercó a la gran planta. Ya de cerca lo pudo ver nítidamente. El capullo había comenzado a abrirse y algunos pétalos comenzaban a aflorar. Justo en el centro, la planta destelleaba, brillaba, como un faro en mitad de la noche. Un precioso cuerno blanco asomaba entre los pétalos naranja...

domingo, 22 de julio de 2007

Cosas que pueden pasar en 10 meses.

Puede que en diez meses alguien te pida que dejes de fumar, y sin saber por qué aceptas y no lo vuelves a probar, a pesar de lo mucho que te pueda apetecer.
Puede que una playa, aún con el eco de los turistas en el murmullo de sus olas, te acoja y sea un lugar especial para unir a dos personas, a pesar de la intrusión y las miradas indeseadas.
En diez meses puede que surja el interés por la lengua de signos y el griego clásico.
Puede que en un momento de tremenda tristeza, alguien te haga una visita tan inesperada y sorprendente, que primero quieras matarle y después se lo agradezcas siempre.
En este tiempo, una Virgen puede perderse en una discoteca, sintiéndose sola y olvidada, para encontrar la luz y el rumbo en los ojos del León que la acompañaba.
Quizá en una decena de meses, un astrónomo descubra el panorama celeste más extraordinario que pudo observar un hombre por su telescopio, con las estrellas más brillantes y los planetas más extraños y coloridos.
También puede ser que un cuento se escriba cada mañana y con el tiempo se convierta en un blogg verde, con espirales, fotos, vídeos y más cuentos, que se acaban por teléfono entre dos.
Puede que en ese tiempo, una cama pequeña sea el mejor lugar en el que pasar la noche, y un despacho subterráneo el mejor refugio para quererse.
Puedes descubrir que el pollo al curry es el mejor manjar que jamás hayas probado (sin lugar a dudas es el mejor!!), y que hay para quien la comida es como una religión.
Durante este periodo de tiempo, puedes llegar a dormir diez noches seguidas junto a alguien, y descubrir la noche que duermes solo de nuevo, que sin los ronquidos de quien te acompañaba en el sueño, ya el descanso no es igual.
Puede que encuentres el compañero perfecto para pasar un día de piscina.
En este espacio de tiempo, puede que descubras que una foto enmarcada es el mejor regalo que jamás te habían hecho.
Puedes ir a un concierto y disfrutar como un enano, no sólo porque la cantante de siempre te fascinó, sino porque además, a éste te acompaña él.
Puedes comenzar a interesarte por el cine en versión original subtitulada, aunque una noche descubras que donde más te gusta ver las películas es en la pantalla de un ordenador, de nuevo en esa cama pequeña.
En diez meses puedes comenzar una colección de chapas regaladas.

Puede ser que una noche te descubras escuchando esa emisora que no te gustaba, y que ahora te parece que tampoco está tan mal.

¿Cuán feliz puedes llegar a ser en diez meses?
¡Yo lo se! Y es gracias a ti.
¡¡Felicidades!!

jueves, 31 de mayo de 2007

¡¡No se qué hacer!!


¡¡No se qué hacer!!, originally uploaded by aldebodal.

A aquellas personas que leen mi blog, aunque sólo sea de manera ocasional, me gustaría hacerles una pregunta: ¿Cómo queréis que acabe la historia de Trunck y Suaga? Yo tenía un final pensado desde que empecé a escribir, pero determinadas conversaciones me hacen pensar, si no sería mejor otro final. En el colegio, la metodología que empleamos es de continua escucha al alumn@ intentando proporcionarle lo que le motiva, interesa y gusta, para que aprenda mejor. Pues bien, así quiero que sea mi trocito de Aldebodal: ¿Cómo os gustaría que acabase el relato? Trágicamente, felizmente, lacrimosamente, cómicamente (esta idea no me gusta mucho, pero bueno), no se, ¿cómo se os ocurre que podría acabar? Escribidme comentarios y yo haré un mix con todo lo que me digáis, o valoraré y daré un final a esta historia ¿Qué os parece? En vuestras manos dejo que Trunck no deje de llorar recordando al amor de su vida o que de alguna manera sea capaz de traerle a la vida...


sábado, 26 de mayo de 2007

Lucha mientras caiga la lluvia. 21ª Parte

...Trunck le vio caer, como si el tiempo transcurriera a cámara lenta. Caía como una pluma mecida por el aire, sin fuerza, lánguido, sin resistencia, casi sin vida... Rápidamente, corrió a recogerle, antes de que tocara el suelo.


No le salían las palabras. Suaga le miraba, sin energía, cansado, pero tiernamente al tiempo. muy despacio, el triga levantó la mano y acarició la cara del treico. De sus liliáceos ojos brotaron las lágrimas. Iba a morir, no quería ya hacerse el fuerte. Tenía miedo, y a la vez era feliz, porque había podido dar la vida por el ser al que amaba y hacer que su existencia adquiriese mayor sentido.


- No hace falta que digas nada -dijo en un susurro Suaga, tras leer en la mente del treico su preocupación por buscar las palabras adecuadas al momento -. Gracias por hacerme sentir bien cada mañana, por olvidar mi condición, por tratarme como a un igual, por decirme que me quieres de corazón, sin pensar egoistamente, por regalarme besos sinceros, por entregarme tu alma poco a poco, por instalarte en mis pensamientos y no querer salir nunca más de ellos... -Suaga inspiró, como si le costase respirar-. Qué feliz me has hecho, cariño...

Y en ese instante sonrió, y sus ojos se perdieron en los de Trunck, para nunca volver. Su mano languideció, y su cuerno cayó al suelo, rodando hasta los pies descalzos de la Emperatriz.

De pronto, como un estallido, una tremenda honda expansiva surgió del cuerpo muerto del triga, que hizo que las ventanas estallasen y la lejana puerta del Salón Real se abriese de par en par. El tiempo había cambiado. A lo lejos se oía el retumbar de relámpagos y truenos, que anunciaban una tormenta.

- Lo siento - dijo la Emperatriz -. Debo hacer que se cumpla la ley, si no sería muy difícil gobernar un planeta - Trunck se giró para mirarla con furia, pero cual fue su sorpresa al descubrir, que la Emperatriz se había quitado la máscara, y dejaba ver su bello rostro color verde esmeralda. Era una hemosísima botany, con el cabello rubio, muy claro, recogido en una larga trenza. Pero no sólo fue esa la sorpresa, sino que al fijarse bien en su rostro, pudo ver como Endora lloraba-. Tienes poco tiempo para prepararte, pues ya todos vienen hacia aquí, pero espero que esto pueda ayudarte en tu empeño - Y dicho esto tomó el cuerno de Suaga, que aún estaba a sus pies, se acercó a Trunck, lo colocó sobre su frente y con la mayor dulzura le besó -. Él lo hubiese querido así...

Una tremenda energía recorrió todo el cuerpo del treico. Desde el primer al último músculo, los cinco sentidos, cada uno de sus recuerdos, sus creencias, todo su ser fue azotado por aquella extraña fuerza, que le hizo caer de espaldas. Cuando abrió los ojos, lo percibía todo de otra forma. Todo era igual, pero la forma de percibirlo era distinta. Tocó su frente, y en ella notó cómo un enorme cuerno se alzaba apuntando a lo más alto.

- Ahora debes ser rápido y aguantar luchando mientras caiga la lluvia - le dijo Endora, mientras se retiraba por una camuflada puerta junto al trono -. Sólo así conseguirás que ellos no se lo lleven.

Unas gotas de lluvia entraron por las ventanas rotas. Por una de ellas se asomó un pain (como el painco, pero más pequeño), que graznó haciendo patente su presencia. Por las demás ventanas comenzaron a asomarse distintos animales voladores, que parecían esperar a que el treico se apartase, para poder acceder a la sala. Un gaimuz (similar a los murciélagos terrestres), se lanzó hacia el cuerpo de Suaga, pero Trunck lo cogió del cuello al vuelo y lo mató. Todos los animales parecieron ofendidos ante aquello y como una tremenda ola, se lanzaron hacia donde se encontraba Trunck, junto al cuerpo sin vida de su amado.
Los picotazos arañazos venían de todas partes, pero su nueva condición, parecía haberle otorgado una enorme resistencia al dolor y una extraordinaria agilidad. No le era en absoluto difícil frenar cada golpe, o apartar al instante a cualquier ser que se acercaba a Suaga.
La lluvia entraba por las ventanas, ahora con mucha fuerza, y por la puerta pudo ver que a los seres voladores, se les unían grandes seres de la tierra, que corrían a por su parte preciada del triga. La felicidad y la alegría debe ser compartida, y todas aquellas bestias querían arrancar su parte, descuartizando a Suaga.
Luchó contra enormes monstruos alados que nunca hubiese creído que existieran. Peleó con hermosas criaturas, que engañaban con su candor, pero que no dudaban en atacar despiadadamente por conseguir su meta. Constantemente tenía que vigilar para que pequeños seres no se colaran entre sus piernas y consiguieran llegar hasta el cuerpo inerte del triga y en repetidas ocasiones sintió como las fuerzas le fallaban. Pero todo daba igual, debía mantenerse firme hasta que la lluvia parase, y así lo haría, aunque le fuese en ello la vida.

Por fin, tras ahogar con sus brazos a un enorme Kytubo, un rayo oxial le tocó la frente. Miró hacia los ventanales y vio como las nubes se alejaban, y Oxes brillaba inmenso en lo alto del cielo de Aldebodal. Se acercó al cuerpo de Suaga, y lo cogió, como un padre coge a su hijo cuando se ha quedado dormido y lo lleva en la noche a la cama, con gran delicadeza y dulzura. "Lo he conseguido, cariño. Te dije que lo haría, y así ha sido. Te quiero, y voy a quererte siempre".

jueves, 24 de mayo de 2007

Te dije que te quería. 20ª Parte

...Suaga miró a Trunck, como esperando una autorización. Igual que los niños buscan la mirada complacida y tranquila de los padres cuando un adulto extraño les ofrece un caramelo.

- Yo soy Suaga. y aunque Trunck no quiera que lo diga, soy su compañero. Soy quien le ha hecho sonreír una mañana cualquiera sin motivo aparente; quien le hace temblar cuando las lágrimas asoman a mis ojos; soy quien se estremece cuando no le siente cerca; aquel que ha sido capaz de captar su atención más de una noche, a pesar de lo muy diferentes que somos; soy la dulzura que no existiría sin el amargo; soy un triga enamorado, ni más ni menos que, de un treico.

- ¡Qué bonito! - dijo la Emperatriz "máscara", con un tono burlón-. Tu querido hizo un pacto conmigo, mediante el cuál debía realizar determinadas labores que yo, como Regente de los Botany en este planeta, no podía llevar a cabo...

- ¡Todo eso ya lo se! - la interrumpió Suaga.

- ¡Qué interesante! - dijo Endora mirando a Trunck - Le has elegido con caracter... Buena elección. Por lo tanto sabrás que debe ahora pagar su fallo con la vida.

- Él no es el culpable de su herror, si no yo.

- ¡Calla, Suaga!- gritó el treico.

- ¡No! Yo te seguí a pesar de tus advertencias, e hice que no realizaras tu trabajo. Si alguien tiene que asumir la responsabilidad de todo esto, soy yo. Emperatriz de Aldebodal, asumo mi culpa y te ruego me cambies a mí por Trunck.

- ¡Estás loco! - dijo el treico levantándose y acercándose al triga-. ¿Quieres morir? Yo firmé el aucerdo, yo pagaré.

- Si no hubiera sido por mí, todo esto no estaría sucediendo. Eres el mejor, no tendrías que haber errado.

- No hagas esto por mí, Suaga, con esto no se juega...

- ¡Me parece justo! - interrumpió la Emperatriz-. ¿Estás seguro de lo que vas a hacer?

- Sí

- ¡No, no lo está! - decía Trunck mientras sentía que las otras dos figuras implicadas y allí presentes le ignoraban.

- Sólo tienes que tocar el Corazón de Aldebodal y decirlo en voz alta - dijo la Emperatriz ofreciéndole la luz de su cetro.

- No pienso dejarte tocarla, Suaga, tendrás que pasar sobre mí - y se situó entre la luz y los ojos lila del triga.

El cuerno de Suaga creció y brilló, tras lo que adoptó la forma de un fuerte grurg (especie de botany de gran tamaño, extraordinaria fuerza y piel rocosa), tomó a Trunck por el cuello y lo levantó del suelo. Con la otra mano se acercó a la Emperatriz y tocó el Corazón de Aldebodal. Y mirando de lleno al caos de los ojos del treico dijo:

- Yo, el triga Suaga, asumo las responsabilidades tomadas por Trunck el treico, en el contrato que firmó con Endora, Emperatriz de Aldebodal, Regente del bienestar de todo Botany, Guardiana de la Concordia y la Paz entre los pueblos de Aldebodal.

Una pequeña explosión de luz pareció sellar el contrato. Suaga bajó a Trunck, que cayó de rodillas al suelo con la mirada perdida en el infinito. El triga, con su aspecto normal, abrazó al desconsolado treico.

- ¿Por qué? ¿Por qué me has hecho esto? No sabré vivir sin ti. Ahora que has cambiado mi vida, no sabré pasar los días con tu ausencia. Nada me importa matar, nada me importa ver que la gente muere, pero no puedo imaginar cómo puede ser la vida sin ti, que las leyes de la naturaleza se hagan efectivas en ti, el bien de mis días, la sonrisa de mi mañana, el beso que se despide de mí cada noche, el abrazo cariñoso en cada regreso... Tú que representas todo lo que nunca había conocido y me fue concedido a raudales. Tú tifón de buenos pensamientos, buenos sentimientos, ¿qué voy a hacer si me faltas?

- Lo mismo que hubiese tenido que hacer yo, si tú me hubieras faltado. Mirar adelante, y que todo lo que has aprendido conmigo no se pierda. Haz que todos cuantos te rodean, sean felices, como si un nuevo triga hubiese nacido en ti, cuando yo parta.

- ¡No quiero! Eso lo teníamos que haber hecho juntos... ¿Por qué lo has hecho?...

- Porque te dije que te quería, y sin duda, es mejor vivir, que no existir...

- ¡Suaga! - interrumpió Endora-. Debes cumplir con tu recién adquirido acuerdo -. El triga besó los labios del treico, y se besaron como nunca lo habían hecho. Todo su amor se plasmó en aquel beso. Si aún les hubiese quedado alguna duda sobre lo que sentían el uno por el otro, aquel beso lo aclaró todo, les enamoró más, les hizo sentirse mucho más felices de haberse conocido. Suaga se levantó, pero Trunck no le soltaba la mano. Se miraron muy dulcemente y resignado le soltó -.¿ Quieres que se encargue uno de mis guardianes, o lo haces tú mismo?

- Yo sólo puedo - y dicho esto hizo crecer de nuevo su cuerno, lo agarró con las dos manos y con un fuerte tirón lo arrancó de su frente...

jueves, 17 de mayo de 2007

La Emperatriz, Endora 19ª Parte.

...De nuevo en aquella ciudad. Siempre pensó que nunca visitaría el Monte Daymantos. En él vivía la Emperatriz que acabó con la dictadura sizan, que en unos años consiguieron que Aldebodal se empobreciera y el miedo dominara la vida de muchos habitantes del pequeño planeta; la Soberana que intentaba mantener el bienestar de todos los pobladores de los dos continentes y las siete regiones, manteniendo el diálogo y la comunicación entre especies, y proporcionando en ella un intermediario.
Los triga no tenían que ver con eso. Se entendían con casi todo el mundo, bajo la forma que más se ajustaba a sus beneficios, y cuando los seres descubrían su naturaleza deseaban poseerles y que les colmasen de riquezas y dones, tocándoles con su fabuloso cuerno. Y ahora que sabía que esa imagen conciliadora de la Emperatriz, era todo una fachada, pues era igual de asesina que cualquier sizan, sólo que sus manos se mantenían limpias a costa de la mancha en las de otros, aquella ciudad de concordia había perdido todo interés.
Sin embargo era una ciudad curiosa. El suelo de key transparente, a través del cual se podía ver correr el Manantial Sirhi Okra, origen de los seis grandes ríos de las seis grandes regiones del pequeño Aldebodal. Con sus palacetes del mismo material que parecían delicadas casas de muñecas, que con un pellizco podrían romperse. Y el enorme palacio de la Soberana, también de key, que reflejaba la luz del astro que dominase a cada hora del día, y que desprendía irisaciones al reflejarse en él la luminosidad. Un palacio con siete largas torres y cinco puertas, tres anchas y dos cambiantes que variaban su posición, y por las que salía la Emperatriz cuando dejaba su cargo y de nuevo volvía a ser una botany más. No es nada nuevo que esto ocurriera, ya que todas las emperatrices anteriores a Endora abandonaban el palacio para recuperar en algún momento sus vidas como seres desconocidos y no públicos. Unas porque tenían una familia al margen de su vida política; otros porque eran aficionadas a la búsqueda de Algas Sonókhim en el río Edrev; otros gustaban de escalar a solas las escarpadas montañas de Sójor; y otras porque gustaban de tener escarceos amorosos fuera de su puesto como Generadora de Tranquilidad para los botany. Por este motivo la emperatriz siempre se mostraba en público con una máscara ritual, enrome que camuflaba sus facciones, o con una larga bufanda que envolvía su rostro, dejando ver sólo sus ojos. Nunca nadie podía saber la identidad real de la Emperatriz, para que pudiera tener una vida privada, lejos de su cargo.

Entraron en palacio y les condujeron hasta el salón de recepciones, donde sobre un trono también de key, aguardaba una figura. Suaga se acercó a Trunck y le cogió la mano, quien la rechazó violentamente. " Si sabe que hay algo entre nosotros, buscará hacernos más daño por ahí ", le dijo mentalmente al triga.
Conforme se fueron acercando por el largo pasillo que conducía hacia el trono, Suaga podía ir viendo mejor la figura de Endora. No era muy alta, llevaba una máscara similar a las de muchos pueblos africanos de la Tierra, pintada con colores blancos, rojos y negros, mostrando un ceño fruncido y una expresión de la boca malhumorada. Vestía con una tira de un material al que asemejaríamos aquí al cuero, que le cubría el pecho, y otra pieza algo mayor que la cubría en la parte inferior del tronco, también del mismo material y el mismo color. No calzaba ningún tipo de zapato, y una capa cubría uno de sus hombros y la mitad derecha de su cuerpo. En la mano izquierda sostenía un cetro largo que brillaba, como si una estrella estuviese alojada en uno de sus extremos. Según cuentan, los cuatro keslar que la entrenaron para la lucha contra los sizan, lo crearon introduciendo en él parte de su esencia.

Al llegar a una distancia prudente, los guardianes de la familia de la Emperatriz, les hicieron detenerse. En ese instante, Endora se puso en pie., y con paso firme se acercó al treico.

- ¿Alguna vez te faltó algo de lo que te prometí? - le preguntó. La voz sonó poderosa y grave, asexuada, pero contundente, y Suaga pudo observar que cuando Endora hablaba, la mascara parecía articular y cambiar de expresión-. ¿En algún momento te sentiste desatendido?

-No, mi señora - la máscara sonrió.

- Entonces quieres decirme por qué Tuimbus abandona el Monte Daymantos y se retira a un templo de la Familia del Inicio: "Para encontrar mi yo interno, mi verdadero yo, y escuchar sin oír, y hablar sin articular"; palabras textuales del sizan- Suaga sonrió y se sintió bien consigo mismo-. No debía ser así...

- ¿Por qué no? - la interrumpió Trunck-. Quizá este susto haya sido mejor solución que hacerle desaparecer...

- ¡Nooo! - interrumpió esta vez la Emperatriz-. Conozco a los sizan, he tenido que enfrentarme a ellos, y conocer bien sus mecanismos mentales para poder detenerlos. Tuimbus ahora tiene miedo y quiere encerrarse en un monasterio, pero dentro de dos días, abandonará la vida ascética, porque no podrá con ella, y querrá volver a traicionar al sistema actual. Porque si todo está en calma, si no hay un mínimo malestar, los sizan no pueden sentirse bien, se ahogan, se sienten intranquilos, nerviosos, y ellos mismos crean la discordia.

El silencio se adueñó de la estancia. La Emperatriz miró a Suaga.

- ¿Tú quién eres? ¿Y qué haces con este ser rastrero? ¿Correrás su misma suerte? Porque no sé si sabes... que la suerte de tu compañero... ya está echada...

miércoles, 16 de mayo de 2007

Dos días. 18ª Parte

...Llevaban dos días huyendo. Tras resucitar Tuimbus, ambos volvieron a casa rápidamente. Trunck no quería perder ni un segundo más en aquel lugar. Sabía que la Emperatriz le buscaría para rendir cuentas y quería volver a casa para recoger algunas cosas y perderse en Aldebodal. Que nadie supiese donde estaba. Pero ya llegando a su hogar, ambos notaron que algo fallaba. El aire olía distinto, y los árboles parecían moverse de forma extraña, como si les quisieran avisar de lo que se encontrarían al llegar.
Descendieron y subieron andando el monte boscoso donde se situaba el palacio del treico. En la puerta había dos guardias de la Familia de la Emperatriz, y en los balcones se podían ver varios haciendo guardia. Les estaban esperando, o mejor dicho, esperaban el regreso de Trunck.

- ¿Qué tipo de pacto hiciste en el pasado? - le preguntó Suaga, en voz baja.

- Me convertía en el asesino de la Emperatriz. Gozaría de privilegios e inmunidad, en todo trabajo que ella me encomendara, así como de riquezas suministradas por la gran Endora. Asumía el papel sucio que ella no podía llevar a cabo y viviría como nadie en Aldebodal soñó jamás, pero con la condición de no fallar ni ser visto. Si esto ocurría, lo pagaría con mi vida.

- ¿Y cómo pudiste aceptar?

- Soy el mejor, nunca he fallado, ni lo hubiera hecho esta vez, si tú no tuvieses conciencia, ni ética, ni sentimientos positivos hacia los demás seres vivos, ni curiosidad - dijo con un tono de voz, que claramente sonó a reproche.

Al analizar la situación, decidieron dar la vuelta y marcharse a cualquier lugar que no fuera aquel palacio. Una opción era marchar al Continente Aco, donde residían los Sizan. Pero era un lugar deprimente y árido, lleno de peligro y muerte, no era un lugar agradable para pasar una temporada. Así que decidieron recorrer Aldebodal, buscando a las Seis Criaturas Legendarias. Cada Región posee una leyenda sobre un ser mitológico que en su día tuvo algún contacto con la Madre Aldebodal por lo que conceden dones, sanan, auguran el futuro, hacen profecías, o ayudan en casos extremos a quien se lo pide. Son la Hechicera Enarte, en la Región de Sedrev, Ardif y Dogei en Sollirhama, el Pozo de la Cautiva en Sluça, el Ángel sin alas en Sod-Ärom, Haub la bestia en Sójor y las Hermanas Oyepseia en Sajnaran.
Decidieron que el primer destino sería Sedrev, y la enigmática Hechicera de los recién nacidos. Y no por nada en particular, sino por ser uno de los mitos preferidos de Trunck y Sauga.

En un día llegaron a la región del río Edrev, allí comenzron a preguntar sobre la hechicera y cada botany le contaba una cosa. Todas las historias similares, pero ninguna igual, y todas diferían principalemente, en el lugar donde se podía encontrar a Enarte. Fueron dos días memorables: el viaje a lomos de un Suaga-Galaiko, sobre el que se recostaba Trunck y acariciaba dulcemente, cómplices ya en esta huida; las anécdotas de los botany nativos de Sedrev, la risa, el descanso en los bosques junto a ríos que les arrullaban con el sonidos de sus corrientes; el amargo sabor de la incertidumbre, mezclado con el intenso aroma del amor y el dulce de los frutos que las plantas les regalaban, la tranquilidad de tenerse el uno al otro, truncada por pequeños instantes de incertidumbre.

Pero una tarde mientras inspeccionaban una cueva para pasar la noche, unos ruidos en la boca de la caverna les alertaron de que algo ocurría. Era el sonido de una multitud, de un ejército, de numerosas botas caminando y corriendo a la vez, de alientos cansados de buscar lo que no encuentran. Veinte soldados de la Familia de la Emperatriz cortaron el paso a los amantes. Suaga tomó la forma de un Kytubo, uno de los animales más grandes y fuertes de todo el planeta, similar a un oso. Ambos se miraron, y no necesitaron más explicación, se lanzaron a luchar contra aquellos infelices.
Trunck luchaba con sus manos, poderosas y letales, mientras Suaga se defendía con zarpados, mordiscos y fuertes golpes. Pero si algo caracteriza a los guardianes que les atacaban era su perfecta forma física y su maestría en la lucha, por lo que la huida parecía cada vez más improbable.
De pronto, uno de los ágiles soldados consigue subirse a lomos de Sauga y propinarle un golpe en la espalda que hace al triga perder el control de sus extremidades y después el conocimiento. Al verlo, Trunck deja de luchar y cubre con su cuerpo el de su compañero, extendiendo las manos y gritando:

- ¡Basta! ¡Me entrego! La Emperatriz de Aldebodal quiere mi vida y no retardaré más el momento. Pero a él dejadle. No hizo ningún pacto, tiene las manos y la conciencia limpias.

- Tenemos órdenes de llevaros a los dos, ante la presencia de Endora.

Aquello le cayó como un jarro de agua fría. ¿Por qué? ¿Para qué? Trunck se volvió hacia el triga y vio una imagen muy similar a la primera vez que lo encontró en el bosque, lo que hizo que todo su ser temblara de tristeza y miedo a la pérdida...

domingo, 13 de mayo de 2007

Suaga, ¿qué has hecho? 17ª Parte

... Suaga cogió al desdichado entre sus brazos, mientras lo miraba con sus ojos lila, empañados en lágrimas. Ya no estaba allí. Aquello que tenía entre las manos era una masa extraña, con la forma de Tuimbus Teydoj, pero no era él, se había apagado. Es extraño tener entre las manos algo muerto, sobre todo si son seres pertenecientes a la fauna, y en algunos casos de la flora, de Aldebodal. Al principio sigue blando, pero poco a poco se va quedando duro, rígido y frío, y toma una textura extraña.

- Taicomos me pidió que no te juzgara, si algún día averiguaba lo que hacías en tus viajes - dijo en un susurro, sin dejar de mirar al difunto -. Pero creo que esto me supera - Miró fijamente a Trunck, quien le miraba con los ojos perdidos y el rostro muy sorprendido al ver al triga en aquella habitación.

- ¿Por qué me has seguido? ¿Por qué lo has hecho? ¡Esto no lo debías saber! ¡No te quería involucrar en este mundo oscuro y hediondo, del que no puedo salir!

- ¿Cómo? ¿Cómo llegaste a esto? ¿Cómo empezó todo?

- No lo se. No lo recuerdo. Tengo muchos años y muchas muertes a mi espalda. Puede que desde que nacen los treicos estén preparados para ser asesinos, despiadados, crueles, rastreros, odiosos y encantadores, despreciables seres que se sirven de lo que les rodea para destruirlo y hacer que vivan infelices...

- ¡No te lo crees ni tú, todo eso que dices! - respondió Suaga de forma automática, como si un resorte le hubiese hecho saltar -. Tú que me haces sentir el único ser del mundo, tú que me cuidas cada día como a un tesoro, tú que bromeas con Taicomos y haces que un anciano que ha visto tanto se sienta feliz y en su hogar, los últimos años de su vida; tú que no soportas verme llorar, que no puedes llegar a imaginar que cuando muera las fuerzas de la naturaleza destruyan mi cuerpo, tú que no quieres involucrarme en esto para protegerme de la realidad del mundo que me rodea... ¿Tú dices que eres un ser despreciable?

Una lágrima negra se escapó de los ojos infinitos de Trunck, y manchó el suelo al que miraba avergonzado.

- Tú no eres esto, si no quieres ser lo, pero nunca nadie te lo había dicho antes. Y esto lo voy a arreglar ahora. ¡Tápate de nuevo la cara! - le dijo al treico quien le obedeció a pesar de su perplejidad.

Suaga tomó la forma de una betano, una especie de pantera color morado, con aspecto humanoide, y enormes alas fucsia de insecto. Existe la creencia en Aldebodal, de que las betano son mensajeras entre los seres vivos de Aldebodal y la Madre Creadora, y en momentos de verdadera necesidad, se aparecen para recibir o dar algún mensaje.
El cuerno del triga creció, y comenzó a brillar sobre manera. Tanto, que Trunck se vio obligado a mirar hacia otro lado, a pesar de estar acostumbrado al candor del cuerno de Suaga. La habitación entera resplandecía, sólo se podía ver luz. El triga agachó la cabeza y tocó el pecho del muerto con su apéndice.
De pronto como si una bocanada de aire volviera a recorrer los pulmones de Tuimbus, éste abrió la boca, dejando que la vida recorriera de nuevo su gordo y purpúreo cuerpo. Sus ojos abiertos de par en par, miraban desorbitados en todas direcciones, hasta que se frenaron en lo que él pensaba que era una betano.

- La Gran Madre Aldebodal te concede una segunda oportunidad. Sé ejemplo, y disfruta del regalo que se te otorga- dijo Suaga con voz tranquilizadora y felina.
Tras esto, la luz de su cuerno se apagó y todo quedó en la más oscura penumbra, lo que aprovechó para coger a Trunck del brazo y salir corriendo allí.

Ya fuera del palacete, sobre el suelo transparente, con el Manantial Sirhi Okra como testigo, Trunck, aún sin haber recobrado el aliento, tomó a Suaga de los hombros, muy alterado.

- ¿Qué has hecho, Suaga? ¿Sabes quién quería la muerte de ese ser? ¿Sabes a quién acabas de desafiar?

- Supongo que a una gran familia Sizan, con ansias de venganza, pero no me importa, nosotros unidos podemos hacer frente a todo, y más con la Emperatriz de nuestro lado. Si nos intentan hacer algo, ella nos defenderá y ayudará a luchar contra los Sizan...

- ¡Qué ingenuo eres! - exclamó Trunck moviendo al cabeza-. Ella es mi jefa. Es ella quien envía al painco, ¿si enviase a un ser dulce y angelical crees que impondría tanto respeto? Su Alteza Endora me encargó acabar con la vida de ese hombre, que ahora que goza de todo privilegio está pensando en volver a traicionar al bando en el que se encuentra - miró tristemente a Suaga y en un susurro, acercándose mucho al triga dijo -, y será ella quien, por el pacto que hace mucho hicimos, reclame mi vida...